la fotografía, los formatos abiertos, y el futuro

Aunque la guerra entre formatos fotográficos ha saltado a los blogs más o menos recientemente a raíz del movimiento OpenRAW, que vamos a ver después con más detalle, el tema lleva muchos años candente. Recuerdo que, cuando estaba recién llegado a Internet, la polémica por la patente del sistema de compresión LZW que usa formato GIF, propiedad de la multinacional Unisys, estaba en su punto más alto, y muchos intentaban que se abandonase ese formato en favor de otros libres como PNG.

¿Cuál fue el resultado entonces? Que el tema pasó sin pena ni gloria, fuera de los círculos del software libre, hasta el 20 de Junio de 2003, día en que caducó la patente de Unisys. Actualmente muchos somos los que usamos el formato PNG de manera preferente para nuestras páginas web, pero a día de hoy, por ejemplo, ningún otro formato le ha sustituido para mostrar animaciones simples en entornos web (lo cual, por otra parte, suele ser una horterada, pero eso es otro tema ;) ).

Fuera del entorno web, la cosa no es mucho mejor: seguimos compartiendo documentos en el formato propietario de Microsoft Word, y cuando queremos ser buenos usamos el formato PDF que, pese a tener una especificación abierta, es propiedad de Adobe Systems. El uso de OpenDocument es prácticamente residual (nuevamente, fuera de los entornos más cercanos al software libre), y la cosa no tiene muchas espectativas de cambiar a corto plazo.

Los formatos cerrados y la fotografía digital

Al principio de los tiempos, como suele pasar, la cosa estaba revuelta, pero hace ya bastante tiempo que se estableció, más como estándar de-facto que de manera preconcebida, que en fotografía digital se usaban los formatos TIFF y JPG. A todos nos parecía bien, porque los dos formatos son abiertos, aunque quizá muchos no recuerden que la especificación TIFF la definieron la ya defunta Aldus junto con Microsoft, esa compañía a la que todo el mundo quiere :-P .

Para más amolar, aunque TIFF permite varios formatos de compresión distintos, uno de los más usados era LZW. ¿Os suena de algo? Pues sí, es el mismo del que hablábamos con la polémica del formato GIF, un poquito más arriba.

Más o menos repente llegó la fiebre del RAW. La gracia de este concepto (que no formato, como ya veremos) es almacenar todo lo posible del momento de captura de la imagen, y es eso precisamente lo que lo hace tan dependiente del hardware. Cada fabricante empezó a sacar su formato, y algunos incluso cambiaron de formato con el tiempo haciéndose incompatibles entre sí. Los aficionados a la fotografía no podríamos ya vivir sin controlar el balanceo de blancos a posteriori, o sin usar nuestras potentes imágenes de 12 bits de color, entre otras cosas, y aquí los fabricantes empezaron a tenernos bien agarrados a sus formatos.

La burbuja estalló cuando Canon dejó de dar soporte a la EOS 30D en su propio software de procesado RAW, y más o menos a la vez, Nikon comenzó a encriptar la información de balanceo de blancos en sus ficheros para forzar a sus usuarios a usar el software que ellos también desarrollaban. La cosa llegó por fin a los medios tecnológicos, y la gran masa de aficionados a la fotografía empezaron a tomar conciencia del problema.

  • Usar un formato cerrado no garantiza que, años después, puedas seguir accediendo a tus fotos. Seguramente haya programas externos que permitan leerlo posteriormente, pero, si el fabricante de tu cámara no ha especificado el formato, ¿cuánta información estás perdiéndote? Igualmente, puedes acabar atado a un software de terceros si el resto considera que no merece la pena mantener esa compatibilidad, rezando para que no se pierda en una actualización |-O .
  • Las características del formato las define el fabricante. Muchos ficheros RAW sólo admiten sistemas de compresión simples para agilizar al máximo su tratamiento desde la cámara, pero una vez descargadas las imágenes, siempre es preferible usar sistemas más potentes.
  • Hay software para recuperar información de ficheros JPG o TIFF corruptos, pero, ¿qué ocurre si hay algún problema con tu colección de fotos RAW? Seguramente tendrás que dar por perdida esa información.
  • Muchas veces es interesante añadir información personalizada a las imágenes, como los datos de autoría de la imagen. Algunas cámaras permiten definir un comentario, pero a veces sería mejor poder añadir otros datos, o definirlos en el postproceso (por ejemplo, cuando crucemos los datos con nuestro GPS).
  • En general, la información tiende a acabar en otro formato: la música que teníamos en cassete o vinilo las pasamos a CD, y de ahí a reproductores MP3; muchas películas pasaron de Beta a VHS, de ahí a DVD, y ahora también a reproductores portátiles; muchos hemos ido importando el correo antiguo al formato de nuevos programas de mensajería, y ahora tenemos mensajes que han pasado por 4 o 5 sistemas distintos. Conocer el formato en que almacenamos los mensajes es una garantía de que, de una forma o de otra, podremos sacar la información que nos interese de ahí cuando nos haga falta.

Como punto a favor de los formatos RAW propietarios, poco podemos decir, y nos meteríamos de lleno en otra polémica reiterativa en el mundo de la informática, sobre si la ocultación de datos es la mejor manera de aumentar la seguridad. Así, se puede opinar que si el formato RAW no es conocido es más dificil alterarlo y así tiene más validez legal.

Personalmente creo que la validez legal de los ficheros RAW es discutible, porque dudo que los jueces tengan información fiable de los más de 100 formatos RAW conocidos, lo cual sería necesario para determinar si una imagen se ha modificado o no (de hecho, supongo que pocos jueces saben qué es un formato RAW). Hay métodos más fiables que la cabecera RAW para determinar la autoría de la imagen, como las marcas de agua, o el simple hecho de haber sido el primero que subió esa imagen a Internet, que la publicó en otro medio, o que se mandó una carta certificada a sí mismo con la foto.

Soluciones

En el año 2005, un grupo de aficionados a la fotografía creo el proyecto OpenRAW, para centralizar la búsqueda de soluciones a este problema. En su página web podemos encontrar un resumen de este tema y una propuesta de soluciones, y una vaciísima lista de fabricantes que apoyan su iniciativa. Su principal logro, desde luego, es haberle dado publicidad a este tema y hacer que gente como yo se disponga a comentarlo y a soltar una parrafada con su opinión, pero parece que hace falta que alguien se arremangue, saque la libreta de planificar, y nos ofrezca una alternativa real.

Dos años después, no se ha avanzado mucho hacia la solución que muchos esperábamos: un nuevo formato RAW suficientemente potente para importar toda la información que los fabricantes se dignen a darnos, y suficientemente escalable como para no encontrarnos con un problema cada vez que aparezcan nuevas tecnologías en la fotografía digital.

Adobe, por otro lado, le vio las orejas al lobo y decidió hacer lo que mejor se le da: aprovechar un hueco donde nadie tenía una propuesta clara y tratar de crear un estándar, igual que hizo con el formato PDF. Su propuesta es el estándar DNG, un formato propietario pero de libre uso, capaz (según ellos) de importar los datos de otros formatos RAW. En poco tiempo han conseguido que no sólo se utilice en su software, sino que algunos fabricantes de cámaras adopten su formato como nativo para sus equipos, bien porque no tenían ningún software decente para tratar las fotos en sus antiguos formatos, o bien porque directamente no tenían presencia en el mercado y así se ahorraban tener que comerse la cabeza diseñando un formato nuevo.

Ahora mismo, DNG es una alternativa real y útil para muchos. Gente de peso en el mundillo como Jose Maria Mellado, en su libro “Fotografía digital de alta calidad” (que para muchos es la biblia :) ) recomienda directamente convertir las fotos a este formato al importarlas y olvidarse de los antiguos formatos.

Yo, la verdad, he acabado usando el DNG por otro motivo: me estaba quedando sin disco duro, y descubrí que la compresión del formato DNG es bastante más potente que la que tienen los NEF de mi antigua cámara y el MRW de la nueva, así que me lié la manta a la cabeza y le dí a la opción de “convertir todo a DNF” de Lightroom. El resultado es que ahora tengo un sólo formato del que preocuparme, y 6 gigas y pico más en mi disco duro, y no ando con el agua al cuello usando un formato, el MRW, que ninguna cámara actual usa y ninguna usará en el futuro (Sony compró la división de cámaras digitales de Minolta, y sus cámaras actuales usan un nuevo formato).

¿Es entonces DNG la panacea? Pues oye, tampoco. Así, de primeras, se le puede achacar que:

  • No es realmente un estándar abierto: Adobe garantiza que se puede usar libremente, pero no que esté dando el 100% de la información sobre él. Nuevamente estamos sujetos a que mañana saque una nueva versión incompatible con ésta (aunque dudo que lo haga, pero la posibilidad está ahí).
  • No permite importar todos los datos de los formatos RAW anteriores: primero porque no se garantiza que el otro fabricante te haya dado todos los datos que necesita (la pescadilla que se muerde la cola), y después porque simplemente se cogen los datos que Adobe considera que su software de procesado de fotos necesita.
  • Aunque ya comentaba que para mí no es fundamental, muchos fotógrafos confían en la posesión de sus ficheros RAW como negativo digital a la hora de probar la autoría de una imagen. Una vez importada la foto al formato DNG ya se ha realizado una modificación de los datos, con lo cual se diluye un poco esta posibilidad.

¿Qué coño hacemos entonces?

Empezaba este artículillo contando cómo, a mi punto de vista, han fracasado los intentos de definir nuevos formatos de ficheros libres en otras áreas con mucho más mercado, como puede ser la ofimática, así que os podéis imaginar que soy pesimista en cuanto a la posibilidad de que se cree un nuevo formato RAW abierto y que los fabricantes de hardware y software apoyen el proyecto.

Adobe se ha metido en medio y no le han ido mal las cosas, y tenemos el precedente del formato PDF que, siendo igualmente propietario, ha sido un soplo de viento fresco para la compartición de documentos impresos. En su ámbito tenemos otros formatos abiertos con usos muy similares, como DjVu con su implementación DjVuLibre de código abierto, pero, siendo sinceros… ¿nos atreveríamos a mandar un currículum a una empresa en este formato, esperando que haya alguien capaz de abrirlo? Pues eso…

La lucha, por tanto, tiene que ir en dos frentes: por un lado seguir haciendo ruido para que llegue el momento en que sea más vendible tener un formato abierto que uno cerrado: si ha medio funcionado con Microsoft y su Office Open XML, nadie dice que a Canon y a Nikon no se les ablande su corazoncito, ¿no?

Por otro lado, yo sucumbiría al DNG y lo adoptaría como base para crear un nuevo estándar. Usando o no la plataforma OpenRAW, los fotógrafos profesionales y las agencias (que al fin y al cabo son los mayores consumidores de equipos fotográficos, o al menos los que pagan con billetes más gordos) deberían pactar con Adobe un ciclo de vida para su formato, de manera que se garantizase la disponibilidad de sus especificaciones, y que paulatinamente fuera adaptándose a las necesidades de los usuarios. Adobe tendría más mercado y mejor imagen, y los aficionados un estandar real sin tener que pensar en cómo implantarlo en el mercado.

De momento, nos toca sentarnos y esperar. Ahora os toca a vosotros opinar, ¿usáis el formato nativo de vuestra cámara? ¿consideráis realmente esto un problema? ¿qué pensáis que podríamos hacer? :-m

Referencias

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