Las fotos, el backup, y la conectividad que nos prometieron

Últimamente le estoy dando vueltas a cómo hacer el backup a mi colección de fotografías, y eso me ha ido llevando hasta otras divagaciones sobre dónde quiero que esté cada uno de mis datos, y qué seguridad me da que estén allí.

Todo empieza hace ya unos cuantos años, cuando empezaba mi vida laboral poquito antes de cambiar el siglo, en un momento en que cada vez se vislumbraba más el despegue del estilo de vida web. Entonces en el mundo empresarial se hablaba mucho del outsourcing y de la gestión remota de las aplicaciones, pero todavía no nos atrevíamos a hablar muy fuerte de estos temas para los usuarios finales.

Con el tiempo, nos hemos acostumbrado a cosas que en su día nos parecieron descabelladas: Primero fueron las cuentas de Hotmail gratuitas, imprescindibles hasta Gmail osó ofrecer 1Gb a los usuarios, y luego llegó Youtube, que alojaba nuestros videos gratis, y los servía libremente por streaming. Poco a poco hemos ido rompiendo barreras, hasta llegar a tener casi una vida online.

Yo, por ejemplo, me encuentro con que ahora mismo cada PC que utilizo es casi mi PC: Gmail sobre Google Apps aloja el correo de mi dominio y desde hace poco los contactos de mi móvil (powered by Android ;) ), Google Calendar gestiona mi tiempo, Dropbox mis ficheros más imprescindibles, Flickr la cara pública de mis fotos, Google Docs empieza a guardar algunos de mis documentos, y varias y variadas aplicaciones llevan mi vida social (más o menos centralizadas en Friendfeed, que ya casi podría considerar el sustituto de lo un blog personal).

Cada vez se escapa menos a mi mundo online, hasta el punto que si un día me limpian la casa entera, los únicos datos que no podría recuperar serían mi histórico de fotos, y ahí me cruzo con el principio del post: ¿cómo debería hacerles backup?

La alternativa “tradicional” sería usar CDs y DVDs pero, haciendo un cálculo rápido, si en el 2008 he almacenado unas 5000 fotos, divididas en 36 grupos (que a veces son sesiones de una hora, y a veces viajes de una semana), que en total ocupan unos 38 Gb, necesitaría unos 8 o 9 DVDs al año para tener una copia, aunque seguramente serían 10 o 12 si intentamos no liarla dividiendo sesiones largas en varios discos.

Antes de pasarme al mundo reflex hacía del orden de uno o dos discos (en ese caso CDs, porque los DVDs eran caros para ser rentables) de fotos al año, y ahora hablo de 10 o 12 discos (DVDs, porque los BlueRay se van de precio). Siguiendo esta progresión, de multiplicar por 10 el número de consumibles cada 5 años, y si mis manos me dejan hacer fotos hasta los 80, ese año almacenaré cerca de 10.000.000.000 cosas (las que sean) en la estantería. Esta estadística es absurda, porque nadie sabe qué tecnología usaremos entonces, pero la conclusión es que si no me voy adaptando cada cierto tiempo mejor me mudo a una nave industrial :-P

Suponiendo entonces que hoy en día es más cómodo y barato tener discos duros me planteo dos alternativas: un par de discos de 500Gb replicados a mano, o bien dos discos en RAID. Al contrario de la opinión de muchos, yo elegí la primera opción (un disco externo como almacenamiento on-line, que periódicamente conecto a otro PC para hacer backup), porque nunca me ha convencido confiar en la redundancia de datos como única medida de seguridad.

Las razones de esto son varias, pero quedan reflejadas en noticias como ésta: el servicio de blogs Journalspace confiaba en un sistema RAID para mantener la seguridad de sus datos, pero como sus datos fueron sobreescritos por software, los cambios se vieron segura, rápida y eficazmente reflejados en su magnífico sistema de almacenamiento redundante, y no tenían una copia de donde recuperarlos. Uno puede intentar evitar que pase esto con una administración cuidadosa, con un software a la última, y con un sistema de ficheros avanzado con un buen soporte de journaling, pero nadie está libre de un resbalón administrativo, ningún software está libre de bugs, y un apagón puede hacer milagros si Marte está en conjunción con Júpiter o te pilla actualizando el firmware de la controladora.

Si queremos ser molones montemos un almacenamiento jerárquico con nuestros datos más recientes en RAID 0+1, y los más antiguos en sistemas más lentos, pero si nos vamos a gastar esa pasta que no se nos olvide tener una librería de cintas al final y un currito que los lleve a un armario ignífugo lo más lejos posible. Si alguien puede invertir eso para sus fotos personales, que me diga dónde trabaja para echar un currículum.

Cruzando ahora todas las divagaciones, creo que a estas alturas de la vida ya deberíamos estar todos hablando de sistemas de ficheros online seguros, baratos y eficaces. Servicios como Dropbox demuestran que esto no es una utopía, pero aún tenemos muchos handicaps. El principal es que las líneas de comunicaciones WAN actuales aún no son como las LAN de antaño, aunque nos lo hagan creer, porque si bien es posible para gran parte de los usuarios (entre los que desgraciadamente no me incluyo) tener los 10Mbps de bajada que tenía nuestra Ethernet de siempre, pocos pueden disponer de esa velocidad de subida, con lo cual el almacenamiento online se vuelve lento y propenso a cortes.

Me he llegado a plantear darme de alta en servicios como Memopal o Mozi, que podrían ofrecerme este servicio por entre 50 y 70€ anuales, que no es nada descabellado, pero … ¿cuánto tardaría en subir 200Gb de fotos? Con mis 320kbps de subida, así a ojo me salen unos 2 meses de subida intensiva sin hacer absolutamente nada más sin mi PC ni mi ADSL. Podría planteármelo, pero me da pereza pensar en venir de un viaje con 20Gb de fotos y dejar el PC una semana encendido hasta que se sincronicen.

En unos años, cuando las conexiones fijas desaparezcan igual que han desaparecido los teléfonos fijos, y los anchos de banda contra Internet sean comparables, al menos, a las conexiones WIFI actuales (¿alguien dijo WiMAX?), entonces podremos completar la migración a la red en la que llevamos mucho tiempo metidos, y nuestros datos privados estarán igual de online que lo están nuestros datos públicos. Estar siempre conectado no es tener un cliente Twitter en el móvil, sincronizar el correo cada media hora, y subir fotillos borrosas a Twitpic: estar siempre conectado es tener acceso (de lectura, pero también de edición) a tus primeros trabajos del colegio, a tu última nómina, y a las fotos del cumpleaños de tu sobrina con el primer dispositivo conectado a Internet que tengas a mano, sea tu móvil, el netbook de tu novia, el PC de la empresa, el Mac de tu vecino o el respaldo del asiento del avión de un vuelo transoceánico, todo ello con garantías de seguridad y confidencialidad reales. Habrá quien no se fíe de la seguridad que nos proporcione el mundo online, pero suena ingenuo decir eso mientras confiamos en un garabato como firma, en una fecha de caducidad como dato de seguridad de la tarjeta de crédito, o en un fax como prueba judicial.

Todavía nos falta un pelín para llegar a un desligarnos de la posesión de nuestros datos, así que, mientras pueda soltarle el marrón de custodiarlos a algún proveedor de servicios, seguiré teniendo que almacenar en casa mis ficheros RAW. Eso sí, verás como justo cuando necesite recuperar una foto recién borrada, mi maravilloso script backup de una línea (que en un lado empieza por rsync y en el otro por robocopy) no se habrá hecho por algún oscuro motivo.

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